¡Si al escribir le pongo el corazón, el leer es un
placer!Revista Anuario: Grado octavo
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Publicación en la Web (solicitado por la Profesora Mireya Zambrano)


Este título se escogió debido a que el cuento es inspiración a uno de los múltiples relatos que el abuelo me hiciera en mi niñez...

El cuento del Abuelo

Por: Felipe Alvear D.

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Aurelio, un niño de 11 años, le encantaba pasar vacaciones en la aldea del pueblo; no se pierde por nada del mundo, la magia de los amaneceres cuando se da el cambio de lo oscuro de la noche al majestuoso brillo del día.

Coicidencialmente, al disfrute de esos amaneceres, al otro lado del callejón sale de su humilde aposento, un viejo, vestido con una ruana, al parecer, de lana de oveja que le hiciera su vieja en la guanga ancestral, también llevaba puesto un sombrero, que le hace juego a los años que lleva encima y terciado a su dorso un morral largo caprichosamente decorado con múltiples mapas por efectos del tiempo y el agua, pues, a su espalda lleva consigo una caña de pescar un tanto hechiza. Con su figura un poco gacha y paso ligero, todos los días a muy temprana hora comienza su faena de pesca.

Aurelio, con su curiosidad innata, decide seguirlo a una prudencial distancia. El viejo, llega a un recoveco, lanza su caña de pescar y por suerte de madrugador saca la primera trucha. Después de varias tiradas en diferentes sitios, saca la segunda trucha y más abajo debajo del puente de palo saca la tercera. Se sienta junto al rio y procede a realizar el lavado de las truchas. Arregla toda su indumentaria y allí estirado como si quisiera disfrutar su triunfo, saca una botella de vidrio, de su morral y se sirve su delicioso café acompañado de dos arepas de harina que tenía como fiambre. Hace los últimos arreglos, mira que no se le quede nada y emprende el regreso a casa.

Esta rutina la repite todos los días, y por su puesto Aurelio también la repite por algunos de ellos.

Cierto día, el muchacho perdió de vista al viejo pescador, pero éste se había escondido y luego lo increpó diciendo _ me he dado cuenta que me has seguido por varios días, ¿qué es lo que quieres? Aurelio, asustado y titubeando le dice _ deseo mirar cómo es que pesca y me llama la atención el hecho de que pesca tres truchas e inmediatamente después se retira a su casa. El vejo lo invita a continuar con la pesca de ese día y de paso a conversar. _ Pero, ¿por qué solo pesca tres trucas al día y no más? Le insistía.

_¿Y para qué pesco mas, si no necesito tanto?, mira, la Domitila y yo somos dos y mi hija, tres; en el almuerzo solo consumimos la mitad y en la merienda el resto. De tal manera que no necesitamos más._

_Pero, ¡puede sacar más truchas y venderlas en el pueblo y crear una empresa y ganar mucho dinero!_ argumentó Aurelio. Pero el viejo, un poco incomodo, le respondió: _¿y así acabar con el sustento de mi familia y de mis futuras generaciones? Aurelio se quedó muy sorprendido y se dijo para sí mismo: _!que viejo tan inteligente, por eso, el Papa Francisco, acertadamente dijo: “la vejes es el sendero de la sabiduría”.












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